Gauchito Gil

Cuando empecé a meterme en el mundo del arte mi marchand, Loreto Arenas, empezó a hacerme de guía turística en museos, exposiciones y galerías de arte. Siempre había admirado un cuadro, como una obra de arte en sí, pero jamás me había metido en todo el mundo que hay detrás de una pintura.

Así, una de las primeras visitas fue al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Allí empezamos a recorrer el pabellón de artistas argentinos contemporáneos. Entre todos los cuadros hubo muchos que me llamaron la atención, pero uno de ellos fue el que me pareció que podría ser ideal para los capots. Era una cabaretera que había pintado la artista Marcia Schhvartz.

Entonces le pregunto a Loreto quién había pintado ese cuadro.

Marcia Schvartz, me dice.

Le pido que la llame y le proponga pintar a una cabaretera

en uno de los capots.

A los pocos días Loreto me cuenta que Marcia aceptó.

Pasó un mes y un día me llama Loreto: Marcia terminó el capot,  pero no sé cómo decirte esto.

Ahí me empecé a preocupar, me dice que Marcia en vez de una cabaretera había hecho un Gauchito Gil.

No era lo que quería, pero no me pareció tan mal El Gauchito tenía cierta mística que para la colección iba a estar muy bien.

Ya me hacía a la idea de esa noticia cuando me dice: tengo otro problema… lo pintó al revés.

Junto fuerzas, no importa, le digo… lo vamos a exponer igual.

Ese día me fui a almorzar con un amigo, le comenté sobre el tema. Él me empieza a contar en detalle la historia del Gauchito Gil.Antes de irse me hace una advertencia: no lo vayas a poner de cabeza en la muestra, mirá que es muy vengativo…

Cada vez el tema se complicaba más, los soportes para los capots eran de una sola forma y había que diseñar otro tipo de sostén..

Pocos días después Loreto me vuelve a llamar: Tengo otro problema con Marcia, me dice que no quiere aparecer en el video, que ella ya hizo todo lo que se había comprometido..

Ahí dije basta, había llegado a mi límite.

Conclusión: saqué el capot de la colección..

 

Mas allá del problema, la verdad era que el capot del Gauchito me gustaba mucho, así que fue pasando por diferentes lugares hasta que, casi de casualidad, termina colgado en la sala de reuniones de mi empresa.. Con el tiempo el capot pasó a ser una parte más

del paisaje de la sala.

Un día llega mi asesor financiero, Max, y nos ponemos a hablar del capot.

En un momento le digo que no sabía en dónde ponerlo y él me contesta: Ni se te ocurra sacar el capot. que desde que lo colgamos los negocios no paraban de crecer..

Así que hasta el día de hoy ese capot permanece colgado en la misma pared y de ahí no se mueve.

Porque las brujas no existen, pero que las hay, las hay..

Con Marcia nos amigamos, un día le mando a decir que no quería que ella quedara afuera de la colección cuando fuera para Alemania, las condiciones eran que me pintara la cabaretera y al derecho..

Ella aceptó, hoy está en el video y dentro de la colección.

 

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